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Cantemos a las locomotoras de amplio pecho que piafan
por los rieles cual enormes caballos de acero embridados por
largos tubos....”
(Filippo Tommaso Marinetti - Primer Manifiesto
Futurista-1909).
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Antecedentes.
En los miles de años de su
historia, la humanidad había satisfecho sus necesidades
energéticas con sencillos medios naturales: La principal fuente
e energía era el músculo ya sea del propio hombre (libre o
esclavizado), o de unos pocos animales domesticados. Aparte de
eso, el ingenio había permitido desarrollar algunas máquinas
movidas por energía hidráulica o eólica. Así surgieron los
molinos hidráulicos o de viento, y ciertos mecanismos usados en
fraguas, batanes, y poco más.
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Respecto del transporte, o se utilizaban barcos movidos a remo o
a vela, tanto en ríos como en el mar, o había que recurrir a
lentos carromatos arrastrados por caballerías o bueyes. Esto
hacía que el transporte, fuera de las rutas acuáticas, fuera muy
penoso y lento, y por lo tanto caro, y explica que las
principales ciudades surgieran a la orilla de los grandes ríos o
en la costa, y mejor aún si ambas circunstancias coincidían.
Pero en el siglo XVIII, las cosas empezaron a cambiar. Una serie
de circunstancias concurrieron en los alrededores de las minas
de carbón inglesas: por un lado la abundancia de carbón como
combustible. Por otro la necesidad de tener alguna máquina que
moviese las bombas para drenar las minas.Se reconoce a la máquina de Newcomen como el primer ingenio que
utilizó el vapor de agua producido en una caldera, para generar
un trabajo útil, en este caso mover las bombas de achique que
extraían el agua que se filtraba continuamente en las minas. La
imagen animada de la izquierda reproduce el esquema de este
sencillo aparato que consta de un cilindro vertical que se llena
del vapor producido en una caldera. Cuando el cilindro está
lleno de vapor, y el pistón en la parte superior, se cierra el
paso de vapor y se abre el paso a un chorro de agua fría que
enfría el vapor y lo condensa, con lo que su volumen disminuye,
baja el pistón y la máquina tira del vástago de la bomba
representado a la izquierda. Cuando el cilindro se ha vaciado
del agua de refrigeración y del agua condensada, se vuelve a
abrir la llave del vapor para que el cilindro se llene de nuevo
de vapor y el émbolo suba, repitiéndose el ciclo.
Esta máquina es de 1712 y según Wikipedia se construyeron más de
100 hasta 1773. |
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Imagen: Wikipedia, GNU FDL. |
La verdad es que para esa época debió ser un invento genial,
aunque vista con ojos de hoy resulta un tanto ingenua: El
esfuerzo útil se produce cuado la máquina tira del vástago de la
bomba hacia arriba, y por lo tanto cuando el pistón desciende en
el cilindro, y ¿que fuerza es la que hace bajar este pistón?
desde luego no la expansión del vapor, porque durante esa parte
del ciclo, el volumen que contenía el vapor está disminuyendo.
Es exclusivamente la presión atmosférica la que impulsa el
pistón hacia abajo al quedar el cilindro en vacío cuando el
vapor se condensa por el chorro de agua fría. Esta es la razón
por la que se suele decir que la máquina de Newcomen es
"atmosférica". Hubiese bastado con disponer un cilindro cerrado
por arriba y que el vapor entrase a esa cámara superior cerrada
para que la máquina fuese ya una verdadera maquina de vapor,
pero.... |
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La
máquina de vapor.
Pero... tuvo que llegar Watt quién se percató, no sólo del
desperdicio de la potencia producida en la expansión del vapor,
sino de la mala eficiencia termodinámica de la máquina cuyo
cilindro alternativamente se calentaba con el vapor y se
enfriaba con el agua fría. Se propuso mejorar el diseño y
verdaderamente consiguió su objetivo, diseñando una máquina
sobre cuyo pistón actúa la fuerza expansiva del vapor, tanto en
un sola de las caras (máquinas de simple efecto) como
alternativamente en ambas caras (máquinas de doble efecto). El
vapor expandido pero no condensado se expulsaba todavía caliente
del cilindro impulsado por el propio pistón, de forma que el
cilindro permanece a temperatura constante. Este vapor expandido
se expulsa a la atmósfera o se lleva a un condensador donde se
enfría y se convierte en líquido otra vez.
Las primeras máquinas de Watt tenían un aspecto similar a la de
esta imagen, que es muy familiar para los que hemos pasado
varios años en la Escuela de Ingenieros Industriales de Madrid.
Obsérvese que se mantiene todavía un poco el aspecto de la
máquina de Newcommen con su cilindro vertical y su balancín.
pero ahora éste se conecta a una biela que acciona un tremendo
volante de inercia para mantener una velocidad de rotación
constante.
Los trabajos de Watt llegaron en poco tiempo a producir una
máquina accionada por vapor capaz de entregar una considerable
potencia mecánica en cualquier lugar que se requiriese y en
cualquier momento, sin más requisito que la aportación de carbón
como combustible.
Esto produjo una revolución tecnológica sin precedentes en la historia.
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Imagen: Wikipedia, GNU FDL |
Por primera vez,
se podían producir, con un coste mucho menor, una inmensa
cantidad de productos que anteriormente eran sólo producto de la
artesanía. La aplicación por ejemplo a la industria textil, fue
totalmente revolucionaria.
Inmediatamente se aplicó también al transporte, y surgieron los
primeros barcos de vapor, accionados primero por ruedas de
paletas, y enseguida por hélices. Era cuestión de tiempo que se
aplicase al transporte terrestre, y se hizo basándose
principalmente en aquellas viejas vagonetas que sacaban el
mineral de las minas.
Pero antes de entrar de lleno en nuestro tema, analicemos con un
poco más de detalle el funcionamiento de una máquina de vapor
estática, como las utilizadas en la industria. Se trata ya de un
modelo "moderno" con cilindro horizontal y distribuidor de
corredera.
La imagen siguiente nos ilustrará sobre su sencillo pero
eficiente funcionamiento:
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Imagen: Wikipedia, GNU FDL |
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Como vemos en la
imagen, el vapor procedente de la caldera, por lo tanto a alta
presión y temperatura (flecha roja) entra en la cámara del
distribuidor, en donde se mueve la corredera, que es la pieza en
forma de "C tumbada" que se mueve de izquierda a derecha. En su
movimiento, esta pieza cubre y descubre alternativamente la
entrada de los dos tubos en forma de S. Realmente, si nos
fijamos en la corredera, su forma hace que en un extremo de su
movimiento el tubo que comunica con el cilindro quede abierto a
la cámara de admisión, por donde viene el vapor, pero cuando la
corredera se mueve al otro extremo, lo que hace es comunicar el
tubo con el interior de la propia corredera, y de ahí al cámara
de escape situada debajo de la corredera. Cuando la entrada de
uno estos tubos queda abierta a la cámara de admisión, el vapor
entra por él hasta el cilindro. Esta entrada se produce cuando
el pistón está cerca del extremo por el que entra el vapor, con
lo cual, la presión del vapor empuja el pistón hacia el extremo
opuesto, expandiéndose y realizando el trabajo útil. Al llegar
al extremo opuesto el pistón, la corredera se ha movido, de
forma que ahora el vapor comienza a entrar en la cara opuesta
del pistón, que retrocede de nuevo. En este retroceso, el vapor
que llenaba el cilindro (expandido, pero todavía en estado
gaseoso y caliente) es empujado al tubo por el que entró, pero
ahora la situación de la corredera hace que este vapor se dirija
a la cámara de escape desde donde sale por una lumbrera
(representada aquí por un circulito) hacia la atmósfera (Flecha
azul). Ese circulito que vemos en la cámara de escape es la boca
del tubo vertical por el que sale el vapor a la
atmósfera,(flecha azul)
Tenemos aquí ya representados los elementos fundamentales de
toda maquina de vapor: El cilindro con su pistón que se mueve
alternativamente de derecha a izquierda y la válvula de
distribución, en este caso de corredera, que dirige tanto el
vapor de la caldera hacia el cilindro, como el vapor expandido
hacia el escape.
También vemos como el pistón tiene un vástago que se articula
con una gruesa biela, la cual mediante una manivela produce el
movimiento giratorio utilizable. Una excéntrica mueve una
segunda biela mucho más ligera, que se utiliza para mover la
corredera. Es evidente que el movimiento de la corredera y el
del pistón no son sincronizados, sino que la corredera está
adelantada aproximadamente un cuarto de giro respecto del
movimiento del pistón, Esto es así para que las lumbreras de
admisión estén ya completamente abiertas cuando el pistón está
todavía llegando al extremo de su carrera de manera que el vapor
empiece a entrar en el cilindro antes de que este empiece a
retroceder.
En este dibujo hay dos elementos adicionales: un gran volante de
inercia encargado de regular el giro de la máquina, ya que el
impulso se produce a golpes (dos golpes por vuelta) y un
regulador centrifugo, encargado de mantener constante la
velocidad de la máquina, ya que actúa mediante una varilla sobre
la válvula de admisión. Ambos elementos, volante y regulador son
también claramente visibles en la imagen de la máquina de la
Escuela de Industriales. Estos dos elementos son típicos de
máquinas usadas para accionar maquinaria estática, como pueden
ser los antes mencionados telares, pero no los encontraremos en
el ferrocarril.
El tipo de válvula de distribución aquí representado (llamado de
corredera o "de capilla") no es ni mucho menos el único
utilizado, y de hecho en locomotoras es poco utilizado, pero es
muy claro su funcionamiento, por lo que está bien que lo hayamos
visto primero. Otra simplificación es que ordinariamente la
válvula no se mueve por un sistema tan simple como el
representado aquí. Éste es sólo valido para maquinas que
funcionan siempre en el mismo sentido, a la misma velocidad y
con la misma potencia, lo cual desde luego no es cierto en una
locomotora. |
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La patente de la
máquina de vapor de Watt es de 1784, de manera que estábamos ya
aproximándonos al siglo XIX. Por cierto que James Wat fue un
científico de reconocido prestigio en muchos campos, incluyendo
la óptica y la ingeniería civil. La unidad de potencia, el Watio,
lleva ese nombre en su honor. Sin embargo se le acusa también de
aferrarse a sus patentes, impidiendo que otros investigadores
desarrollaran variantes de su máquina con perfeccionamientos,
por ejemplo el vapor a alta presión, de modo que de algún modo
retrasó el progreso de su invento.
| Aplicada la máquina a la industria y al trasporte por mar,
quedaba el reto del transporte terrestre. Aunque hubo algunos
intentos de "motorizar" vehículos "de carretera", la misma
ausencia de verdaderas carreteras hacía poco viable este camino.
La inspiración de las vagonetas de mina arrastrados por
caballerías, llevó al desarrollo de un "caballo mecánico" para
sustituir a los utilizados para arrastrar las vagonetas por sus
vías.Parece que uno de los primeros intentos fue el de Richard Trevithick en 1804. El aspecto de su máquina es bastante
primitivo, tal como vemos en la imagen de la derecha, y está claramente
inspirado en el diseño de las máquinas estáticas. La de Trevithick no fue ni mucho menos la única máquina que intentó
moverse sobre raíles impulsada por vapor. |
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En seguida hubo varios intentos
de resultados más o menos exitosos, pero los historiadores están
de acuerdo en que la precursora de todas las locomotoras de
vapor posteriores fue la Rocket, desarrollada en Newcastle por
Robert Stephenson en 1829.
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¿Qué tenía esa locomotora para ser considerada la primera
locomotora moderna? Su aspecto, como vemos en la imagen adjunta
que corresponde a una reconstrucción de 1979, es todavía
bastante primitivo, y parece muy alejado de la clásica imagen de
las locomotoras de vapor. Sin embargo hay una serie de detalles
que esta máquina usó por primera vez y que desde entonces han
sido de utilización general. El primero de ellos es la caldera
de haz tubular, que permite una utilización óptima del calor
producido por la combustión del carbón.. Otro de esos detalles
es la utilización del vapor de escape para dirigirlo a la
chimenea y forzar así el tiro de la caldera.. También vemos la
utilización de dos cilindros casi horizontales, cuyas bielas
atacan directamente a manivelas montadas en las ruedas motrices.
Esta pequeña locomotora, y sus vagones que podemos entrever
detrás y que nos recuerdan indefectiblemente las cajas de los
coches de caballos, permitieron pensar en organizar servicios de
transporte de viajeros y mercancías. En una autentica fiebre
constructora, todos los países tecnológicamente avanzados se
lanzaron a tender miles de kilómetros de vía, y el ferrocarril
paso a ser parte imprescindible de la civilización moderna. No
solo eso, pasó a ser el símbolo del progreso, de manera que para
los habitantes de los primeros años del siglo XX, el ferrocarril
tenía la misma imagen de modernidad y progreso
tecnológico que hoy puede tener para nosotros una nave
espacial de las que orbitan la tierra. Las grandes
ciudades construyeron monumentales estaciones en el
centro mismo de las poblaciones como modernas catedrales
con todo los lujos arquitectónicos. Los mejores
ingenieros diseñaron los más airosos puentes y viaductos
para salvar ríos y valles. |
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Foto: Chis Howells, GNU FDL |
Las más altas montañas se perforaron
con túneles aún a costa del sacrificio de muchas vidas. El
ferrocarril cambió el modo de vida de la gente. Permitió viajar
cómoda y rápidamente a cualquier parte, permitió acercar las
materias primas a los centros de producción, permitió distribuir
bienes y productos con rapidez y seguridad a cualquier lugar de
la tierra. Algo que hasta entonces era impensable, y hoy lo
vemos habitual e imprescindible.
Todo esto se lo debemos a la locomotora de vapor, que durante
cien años fue la reina indiscutida del ferrocarril, hasta que la
electricidad y el diesel acabaron con ella. Pero durante todos
esos años, su diseño básico permaneció inalterado, prueba de la
perfección de su diseño inicial, y sus perfeccionamientos fueron
simplemente adaptaciones y refinamientos derivados de la propia
evolución de la tecnología y de la adaptación a las diversas
circunstancias de la explotación. En toda su historia el salto
tecnológico más importante fue el pasar de vapor saturado a
vapor recalentado. y en cuanto a los aspectos constructivos,
dejando aparte experimentos más o menos exóticos y casi siempre
fracasados, se mantuvo prácticamente la misma estructura, con el
único cambio de técnica constructiva producido al pasar de la
construcción por roblones a la construcción soldada. |
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La locomotora
de vapor: La caldera.
Veamos entonces con detalle como
funcionaba una de estas "modernas" locomotoras, En primer lugar
hay que distinguir en toda locomotora de vapor, entre la
caldera, y el motor. La primera produce el vapor, y el segundo
utiliza ese vapor para producir movimiento. La imagen siguiente
es un esquema de la caldera:
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Imagen: © 1942 RENFE, Curso de maquinistas de
locomotoras de vapor. |
Como vemos, la caldera se divide en tres partes, que de atrás
hacia delante son "Caja de fuego", "Cuerpo cilíndrico" y "Caja
de humos"
La caja de fuego es en su mayor parte un gran espacio vacío
llamado "Hogar" en el cual se produce la combustión del carbón.
Por la parte de la cabina, hay una puerta que el fogonero abre
para echar paletadas de carbón.
Este carbón queda repartido sobre el emparrillado, que es una
rejilla, sobre la cual el carbón arde. Debajo de este
emparrillado hay una zona llamada cenicero que recoge la escoria
que deja el carbón al arder.
La parte delantera del cenicero está cerrada por una rejilla a
través de la cual entra el aire. Este aire aporta el oxigeno
para la combustión del carbón.
Una bóveda de ladrillo refractario hace de escudo para que la
llama de la combustión no incida directamente en la pared del
hogar, lo que podría llegar a fundirla. Toda la caja de fuego
tiene una doble pared y en el hueco que deja entre esa doble
pared tenemos agua. Este agua recoge el calor que de otra forma
se perdería irradiado al exterior, con lo cual la pared exterior
de la caja de fuego está a una temperatura no demasiado alta.
Entre ambas paredes hay una serie de pernos que mantienen la
separación y la forma, y que en el grabado se denominan
tirantes.
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La imagen de la derecha es una fotografía de una locomotora
seccionada que existe en el Museo del Ferrocarril de Madrid,
donde podemos ver en primer plano la caja de fuego. Todo lo
pintado en amarillo es el hogar, y se aprecia casi en el borde
inferior la bóveda refractaria. Vemos también la doble pared
pintad de azul en su interior, lo cual indica que todo ese hueco
estaría lleno de agua. También vemos muy bien los tirantes que
unen esa doble pared. Por la parte de delante, el hogar termina en la llamada placa
tubular. Esta placa es un tabique con una serie de agujeros
hacia donde son aspirados el humo y los gases calientes
producidos en la combustión. Cada uno de estos agujeros es la
boca de uno de los tubos de haz tubular que está contenido en el
cuerpo cilíndrico. |
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Foto © Ignacio de la Fuente. |
El cuerpo cilíndrico es la parte central de la caldera y es un
gran espacio cilíndrico recorrido por multitud de tubos. Cada
uno de estos tubos se ajusta en uno de los agujeros del tabique
que lo separa del hogar, y en su otro extremo por un tabique
análogo que lo separa de la caja de humos. Estos tubos están
vacíos en su interior, pero están sumergidos en agua. Este agua
llena por lo tanto todo el cuerpo cilíndrico casi en su
totalidad. Cuando la caldera funciona, como decíamos, los gases
calientes producidos en la combustión son aspirados a través de
esos tubos, entrando desde el hogar, atravesando por el interior
de los tubos todo el cuerpo cilíndrico, y saliendo a la caja de
humos En su recorrido por los tubos ceden casi todo su calor a
los tubos, y éstos a su vez, como están rodeados de agua, hacen
que ésta se caliente. A la entrada de los tubos la temperatura
de los gases puede ser de unos 1000º C y a la salida será del
orden de 350º C. Con ello la temperatura del agua de la caldera
sube y se comienza a producir vapor el cual aumenta la presión
en el interior de la caldera. Cuando la presión alcanza un
determinado valor, es posible ya extraer vapor para dirigirlo a
los cilindros y poner en marcha la locomotora. |
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En la parte de
arriba de la caldera se acumula el vapor. Precisamente en la
zona más alta, existe una válvula denominada regulador que es la
que acciona el maquinista par dar salida a un mayor o menor
caudal de vapor hacia los cilindros. Esta válvula es complicada
porque se trata de que sea muy precisa, muy segura, y que además
no suponga un gran esfuerzo su manejo, y además hay que evitar a
toda costa que pueda dejar pasar algo de agua, sino sólo vapor.
La presencia de agua en los cilindros puede hacer que estos se
rompan debido a la incompresibilidad del agua. Esta válvula va
protegida por una cúpula metálica, denominada domo.
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En las
locomotoras antiguas, denominadas de vapor saturado, el
vapor extraído de la válvula del regulador era conducido
directamente a los cilindros. Sin embargo uno de los
perfeccionamientos de la locomotora, seguramente el más
importante en toda su historia, fue la introducción del
vapor recalentado. La teoría del sistema dice que al
extraer vapor de la caldera donde hay al mismo tiempo
agua y vapor, las condiciones de presión y temperatura
de este vapor deben ser tales que correspondan a unas
condiciones posibles tanto para agua liquida como para
vapor, y eso quiere decir que dada una presión
determinada, la que exista en la caldera, la temperatura
a la cual se extrae el vapor tiene un valor preciso. |
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Foto © Ignacio de la Fuente. |
Sin embargo
una vez que tenemos extraído ese vapor de la caldera podemos
calentarlo todavía más, y ese calor que aportemos será un
incremento de energía que tendremos disponible en los cilindros.
Dicho más técnicamente, el rendimiento de una máquina térmica
aumenta cuanto mayor es la diferencia entre el foco caliente y
el foco frío, por lo que aumentar la temperatura del vapor
incrementa el rendimiento. Además el vapor recalentado es mas
seguro, ya que con vapor saturado, el más mínimo enfriamiento
puede producir una condensación de agua líquida, con el peligro
ya apuntado. Por contra el vapor recalentado podría enfriarse
ligeramente sin producir condensado. En la práctica el
recalentado incrementa la temperatura del vapor entre 100 y 150º
C y con esto se consigue reducir el consumo de vapor entre un 20
y un 30 %
La forma práctica de hacer este recalentamiento consiste en
recoger el vapor extraído desde el regulador en una "caja del
recalentador". Desde esta "caja" salen una serie de tubos finos
que hacen un recorrido cerrado de ida y vuelta entrando en uno
de los tubos del cuerpo cilíndrico.
Por eso, en los dibujos y fotografías vemos que los tubos del
cuerpo cilíndrico son de dos tamaños. Los de pequeño diámetro,
situados normalmente en la parte baja son simplemente un tubo
vacío para el paso de los gases calientes. Sin embargo, los
tubos más gruesos, aparte de esa función, contienen en su
interior una horquilla de un tubo más fino por la que circula el
vapor que queremos recalentar. El vapor así recalentado en estos
pequeños tubos vuelve a la zona del recalentador donde tenemos
ahora vapor a la misma presión pero a una mayor temperatura.
En la imagen de la izquierda podemos ver arriba en el centro la
válvula del regulador situada en el domo. De aquí parte un tubo
grueso pintado de rojo que conduce el vapor saturado hacia la
parte delantera, hasta la "caja del recalentador", pintada de
blanco.. Por debajo los tubos finos, pintados de rojo que se
doblan hacia atrás para entrar en los tubos gruesos del cuerpo
cilíndrico, y después volver al recalentador. Del recalentador
vemos surgir también un tubo grueso, que en parte ha sido
seccionado, y que es el que lleva el vapor ya recalentado a los
cilindros. En la imagen de la derecha se ve mejor este tubo.
Esta imagen de la derecha es por
supuesto de la caja de humos, que como decíamos es donde
desembocan los gases calientes después de atravesar todos los
tubos del cuerpo cilíndrico. Como ya hemos dicho no solo
desembocan aquí, sino que son aspirados hacia aquí, lo cual
produce un tiro forzado que no solo hace que los gases
atraviesen los tubos de una forma eficiente sino que además
produce una corriente de aire forzado que mantiene intensamente
la combustión. Como es sabido la combustión del carbón es
un reacción química entre el carbono presente en el
mineral de carbón y el oxigeno presente en el aire. Si
nos limitamos a encender carbón y dejamos que arda, el
oxigeno del aire llega en cantidad insuficiente y la
combustión es lenta y a temperatura no muy alta. Sin
embargo si utilizamos un dispositivo que insufle una
corriente de aire sobre el carbón, el aporte de oxigeno
es mucho mayor, la reacción se acelera y la combustión
es mas completa y eficiente y se alcanzan temperaturas
superiores.
Desde tiempo
inmemorial se conocía este efecto, y por ejemplo en las fraguas
se empleaban fuelles o ventiladores para insuflar aire y
alcanzar las temperaturas deseadas. Otra forma de producir una
corriente de aire es mediante una chimenea suficientemente alta.
La chimenea se llena de gases calientes y por tanto mas ligeros
que el aire exterior que está más frío. Por lo tanto en la base
de la chimenea, donde está el hogar se forma una depresión
debido a la ligereza de esta columna de gases calientes, y en
consecuencia una corriente de aire que alimenta la combustión.
Es lo que llamamos el “tiro” de una chimenea. Claro que para un
hogar de una caldera del tamaño del que estamos hablando, se
necesita una chimenea de unas decenas de metros. Por eso, cuando
se empezaron a usar las máquinas estáticas de vapor, el paisaje
industrial se pobló de altas chimeneas que escupían al cielo
penachos de humo negro. |
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Foto © Ignacio de la Fuente. |
Sin embargo una locomotora no puede tener una chimenea alta
porque tiene que pasar bajo puentes y túneles, así que había que
encontrar otro sistema de forzar el tiro, y esa forma es la que
Stephenson incorporó en la Rocket.: utilizar el vapor del escape
de los cilindros para dirigirlo al exterior a través de la
chimenea, y así arrastrar los gases de combustión. En la última
imagen vemos los dos dispositivos que producen este efecto, y
que se llaman precisamente “escapes”. Esta locomotora tiene dos,
aunque la mayoría sólo tienen uno. Son los dos dispositivos de
forma más o menos cilíndrica pintados de color rojo en el centro
de la imagen. El vapor procedente de los cilindros, entra por la
parte inferior, y es forzado hacia arriba por unas toberas, de
modo que sale en forma de chorros a alta velocidad por la
chimenea. Estos chorros producen una depresión en las camisas
que rodean las toberas debido al efecto Venturi. Como
consecuencia de esta depresión, se hace un vacío parcial en la
caja de humos que succiona los gases de combustión. Estos gases,
se expulsan por la chimenea arrastrados por el vapor y
mezclándose con él.
Con esto hemos terminado nuestro análisis de la caldera. El
vapor producido por ésta, sale por el grueso tubo hacia el
motor. Realmente hay al menos dos tubos, uno a cada lado, ya que
esta locomotora tiene dos cilindros. |
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La locomotora
de vapor. El motor.
Como vimos anteriormente, este vapor debe llegar a la válvula de
distribución que le enviará alternativamente a las dos caras del
pistón del cilindro. El movimiento del pistón se transmite
mediante una biela a las ruedas. En resumen el esquema ya visto
de la máquina estática de vapor. Sin embargo aquí complicamos un
poco más las cosas: De entrada pretendemos que la locomotora
pueda moverse hacia adelante y hacia atrás, por lo que el
movimiento de la válvula de distribución no puede estar
rígidamente ligado al movimiento de las bielas, ya que la
válvula debe enviar vapor justo al lado contrario del pistón
cuando marcha hacia atrás que cuando marcha hacia delante. La
forma de conseguir esto es mediante un sistema de piezas móviles
que en su conjunto se denominan distribución. Hay varios
sistemas de distribución, pero en general son bastante
semejantes. El más conocido lleva el nombre de su inventor:
Walschaert . La imagen animada de la izquierda representa una
distribución Walschaert en funcionamiento. A la derecha se puede
ver el cilindro con su pistón moviéndose por impulso de la
expansión del vapor en su interior. El vapor comprimido se
muestra en rojo y el vapor expandido se muestra en azul.
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Imagen: Wikipedia, GNL FDL |
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Podemos ver como el vástago del pistón se articula con la biela
(gris) que se une a la muñequiña de la rueda central.
produciendo el movimiento. Una barra de acoplamiento (blanca)
une las tres ruedas para que el movimiento se transmita a las
otras dos ruedas.
Encima del cilindro podemos ver la válvula de distribución, en
este caso de tipo cilíndrico El funcionamiento es muy similar al
de "capilla" que ye hemos visto anteriormente. Hemos dicho que
este sistema permite cambiar de marcha adelante a marcha atrás.
La forma de hacerlo queda perfectamente ilustrada en la segunda
de las imágenes animadas que muestra como el movimiento de la
varilla que vemos en la parte superior, cambia la geometría para
hacer que el movimiento de la válvula de distribución dirija el
vapor en caso hacia una de las caras y en otro a la cara
contraria. En resumen, la bieleta sujeta a la excéntrica de la
rueda central, hace oscilar la pieza denominada "sector" que
vemos oscilando alrededor de su punto medio en ambas figuras.
Por esta pieza desliza otra pieza llamada taco donde articula
otra pieza que impulsa la válvula. Cuando el taco está en la
parte inferior el movimiento de la corredera sigue
aproximadamente el movimiento de la bieleta. Sin embargo con el
taco en la parte superior, la corredera se mueve en sentido
contrario a la bieleta, y esto produce la marcha hacia atrás.
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Imagen: Wikipedia, GNL FDL |
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Pero esto no es todo. Aunque la imagen sólo presenta el
movimiento en las posiciones extremas hacia delante y hacia
detrás son posibles todas las posiciones intermedias. Las
posiciones intermedias provocan que el corte de la admisión de
vapor hacia el cilindro se produzca cada vez más pronto, y por
lo tanto un menor consumo de vapor, y como consecuencia una
marcha más económica que puede utilizarse cuando no sea
necesario obtener toda la potencia de la locomotora.
Podemos asimilar este efecto al cambio de marcha de un
automóvil. Cuando se necesita un esfuerzo importante como al
arrancar o subir una pendiente, se utiliza una marcha corta que
permite obtener el máximo esfuerzo en las ruedas. En cambio en
un llano, es posible cambiar a una marcha más larga que permite
mantener una velocidad alta sin forzar el motor a un régimen
excesivo. Sin embargo hay que tomar esta comparación con
cuidado, ya que el comportamiento de una locomotora difiere
mucho del de un automóvil. De entrada no existe un mecanismo
similar a una caja de cambios, de modo que en la locomotora el
giro las ruedas corresponde exactamente al movimiento del
pistón: por cada carrera de ida y vuelta del pistón hay
exactamente un giro completo de las ruedas motrices. Por lo
tanto, para ir más o menos deprisa lo que hay que hacer es
aumentar o disminuir la cantidad de vapor que llega a los
cilindros, y tratar de ajustar el corte de vapor a la marcha más
económica, teniendo en cuenta en cada caso la carga arrastrada,
la velocidad del tren y la pendiente de la vía. |
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Foto © Ignacio de la Fuente. |
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Otra diferencia importante entre
el movimiento de un tren y el de un automóvil es la adherencia
al suelo. Un vehículo con ruedas de goma tiene un agarre al
terreno muy superior al de una locomotora con sus ruedas de
hierro sobre carriles de hierro. Normalmente se toma como valor
medio del coeficiente de adherencia el valor 0,2, lo que quiere
decir que una locomotora de por ejemplo 60 toneladas (de "peso
adherente", ya veremos este concepto) puede realizar un esfuerzo
de tracción de 60 x 0,2 = 12 toneladas. Esta es la máxima fuerza
que puede realizar la locomotora, y si se pretende pasar de ese
punto, las ruedas patinarán.
Este pequeño coeficiente de adherencia (menor incluso que el de
unas ruedas de goma sobre asfalto liso mojado) hacen que la
locomotora tenga siempre una tendencia a patinar, en cuanto se
pretende realizar un esfuerzo superior al que permite la
adherencia.
El evitar este peligro de patinaje implica algunas normas de
diseño y circulación, que son muy distintas de las que se
aplican a los vehículos de carretera. La primera es evitar al
máximo las pendientes, de modo que todas las líneas de
ferrocarril se diseñan con pendientes mínimas. Un 2% de
pendiente ya es mucho para un ferrocarril. Esta circunstancia
tiene el efecto favorable de que así las locomotoras pueden
trabajar a un régimen de carga muy constante y sin requerir un
cambio de marchas, tal como ocurre con los vehículos de
carretera. Otra consecuencia es que las aceleraciones y
deceleraciones tienen que ser muy suaves, ya que si no, por
aquello de que la fuerza es igual a la masa por la aceleración,
dada la masa del tren, si pretendemos acelerar demasiado, la
fuerza requerida para ello superará la admisible por la
adherencia. Lo mismo ocurre con las deceleraciones. Si
pretendemos frenar un tren demasiado rápidamente, lo que nos
ocurrirá será que se bloquearán las ruedas y patinarán sobre los
raíles. La conducción de un tren es por lo tanto mucho mas
uniforme que la de un vehículo de carretera y se trata de
aprovechar al máximo las inercias y anticipar todas las
maniobras, de modo que nunca haya que realizar una acción
brusca. Aún así en momentos especiales es posible que las ruedas
tiendan a patinar, por lo que las locomotoras llevan unos
dispositivos, llamados areneros, que, accionados por el
maquinista dejan caer arena bajo las ruedas tractoras, con lo
que se aumenta momentáneamente la adherencia. |
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Diferentes tipos de
locomotoras.
Decíamos antes que a cada carrera de ida y vuelta del pistón
dentro del cilindro, le corresponde siempre una vuelta completa
de rueda, y por lo tanto la locomotora avanza sobre el carril,
una distancia igual a la longitud de la circunferencia de la
rueda. Suponiendo que la carrera completa del pistón se efectúa
a un ritmo de 4 por segundo , y que la rueda tiene un diámetro
de 1,20 m y por lo tanto una circunferencia de 3,77 m, la
locomotora se moverá a 3,77 x 4 = 15,08 metros por segundo, lo
que equivale a unos 54 kilómetros por hora.
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Esta
velocidad se podía considerar altísima en los primeros
tiempos del ferrocarril, pero pronto las exigencias del
público y la competencia de las compañías exigió
velocidades mayores. Para aumentar la velocidad, hay dos
caminos: Por un lado aumentar la velocidad de
translación del pistón, y por otro aumentar el diámetro
de las ruedas. La verdad es que 4 vueltas por segundo
parece una velocidad muy alta, pero una locomotora
lanzada a toda velocidad puede superar esa cifra, que
por cierto es muy superior a la velocidad de rotación de
cualquier máquina de vapor estática o naval. Aún así,
por encima 5, o 5,5 rotaciones por segundo empiezan a
hacerse importantes una serie de problemas. Por un
lado está el equilibrio de masas: debido a la presencia
de muchos elementos con movimiento alternativo como los
pistones, las bielas, las crucetas, las barras de
acoplamiento etc. |
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© 2006, Jürgen Roßkamp.
Creative Commons. |
Siempre se trató de equilibrar lo más
perfectamente posible estas masas, y de ahí los clásicos
contrapesos que vemos en las llantas de las ruedas, pero para
muy altas velocidades, el más mínimo desequilibrio provoca
importantes esfuerzos alternativos que provocan la rotura de las
piezas por el fenómeno de la fatiga. Por otro lado al disminuir
el tiempo de apertura y cierre delas válvulas se presentan
fenómenos de laminación en el vapor que empeoran el rendimiento
termodinámico de la máquina. En resumen, por encima de ciertas
velocidades de rotación el rendimiento decae y la máquina no
puede alcanzar mayores velocidades. |
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La otra
alternativa es aumentar el diámetro de las ruedas. En las mismas
condiciones anteriores, si las ruedas fuesen de 2 m de diámetro,
la velocidad sería de 90 km/hora. Esta es la razón de que las
locomotoras destinadas a trenes rápidos de pasajeros, tuviesen
ruedas muy grandes, con diámetros del orden de 1,80 o 2 metros.
En la imagen de la izquierda vemos la BR 05001 de la compañia
DRG, a la que el 11 de Mayo de 1936 se le cronometraron 200 Km/hora.
El rodaje de esta locomotora, de tipo 2'C2' tenía las ruedas
principales de 2,3 m de diámetro.
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Las
ruedas grandes son muy buenas para correr, pero tienen algunos
inconvenientes: Los ciclistas saben el tremendo esfuerzo que
significa mover una bicicleta con el plato grande y el piñón
pequeño en cuanto hay la más mínima cuesta. El mayor
inconveniente sin embargo está en que al ser muy grades no
pueden estar muy juntas. El tener que separar los ejes de las
ruedas lleva a hacer bastidores más largos, pero estos tienen el
problema de su mala adaptación a las curvas. Un tipo de
locomotora muy utilizado para trenes de pasaje rápidos fue la
que lleva tres ejes motores con grandes ruedas de alrededor de 2
m de diámetro, precedidos de un bogie de dos ejes y con un
bissel debajo de la cabina, teniendo por tanto un esquema tipo
2'C1'. Este tipo de locomotora se denomina "Pacific".
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Imagen: Wikipedia, GNU FDL |
En la imagen vemos una de la más típicas Pacific europeas: la
alemana BR01, con sus tres pares de ruedas de 2 m de
diámetro. La velocidad máxima es de 120 km/hora.
En el extremo contrario, para los trenes de mercancías, donde la
velocidad era menos importante, se utilizaron ruedas más
pequeñas dispuestas en en cuatro o cinco ejes. Una locomotora
típica para tren de mercancías fue la alemana BR50 con rodaje
1'E que vemos reproducida más abajo. Las ruedas mas pequeñas, de
1,40 metros, permiten disponer hasta 5 ejes tractores a lo largo
del chasis sin que la longitud de éste sea excesiva y presente
problemas en las curvas cerradas. Esta locomotora tiene una
velocidad máxima de 80 Km/h. |
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Imagen: Wikipedia, GNU FDL |
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El aumentar el número de ejes es
importante, por la razón siguiente:
Al hablar del coeficiente de adherencia mencionábamos el peso
adherente. Se llama así a la parte del peso de la locomotora que
recae sobre los ejes motores. La razón es que esta parte del
peso es la que presiona las ruedas motrices contra la vía, y por
lo tanto la que permite transmitir el esfuerzo tractor. Si una
locomotora, como es el caso de casi todas ellas, tiene otros
ejes adicionales no acoplados al motor, el peso que éstos
soportan no contribuye a la tracción y por lo tanto no entra a
formar parte del peso adherente. Por otra parte, las vías se
construyen con la capacidad de resistir una determinada carga
por cada eje que soportan. Un valor normal son 20 toneladas por
eje. Una locomotora como la BR01, que tiene un peso de 108
toneladas y un peso adherente de 59 toneladas (lo que quiere
decir que las otras 49 toneladas descansan sobre los ejes no
tractores), podrá ejercer una tracción de 59 x 0,2 = 11,8
toneladas. Nótese que el peso adherente de 59 toneladas recae
sobre los tres ejes tractores, con lo que cada uno se lleva casi
20 toneladas, que como decíamos es aproximadamente el límite.
Por el contrario, la locomotora de mercancías BR 50 tiene un
peso total de 87 toneladas y un peso adherente de 75 toneladas
(así que el bissel delantero se lleva 12 toneladas del peso).
Con este peso adherente esta locomotora produce un esfuerzo de
tracción de 75 x 0,2= 15 toneladas, casi un cincuenta por ciento
más que la BR 01 a pesar de ser un cincuenta por ciento más
ligera. Sin embargo la carga por eje es sólo de 75 / 5 = 15
toneladas.
En resumen una locomotora para trenes rápidos está construida
para funcionar a altas velocidades, pero su esfuerzo de tracción
es relativamente bajo. Por el contrario, una locomotora para
trenes de mercancías está construida para velocidades más bajas,
pero su esfuerzo de tracción es mayor, por lo que podrá
arrastrar trenes mucho más pesados. |
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Curiosamente, en España el tipo
Pacific 2'C1' fue relativamente poco utilizado. La reina
de las líneas españolas fue el tipo "Mikado" 1'D1', por
tanto con cuatro ejes motores. Parece ser que la
orografía española, con sus muchas rampas y sinuosos
trazados requería una tipo de locomotora que, aunque
menos rápida, tenía más esfuerzo tractor para superar
las pendientes del trazado. Hacia el final de la era del
vapor, se construyeron en España unas cuantas
locomotoras tipo "Confederación" 2'D2' para las grandes
líneas de trenes expreso, como la de la foto de la
derecha, en el Museo del ferrocarril de Delicias,
Madrid. |
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Foto © Ignacio de la Fuente. |
La
disposición normal de casi todas las locomotoras modernas
consiste en situar un cilindro a cada lado del bastidor, y
generalmente en la parte delantera, atacando con sus
correspondientes bielas al primer par de ruedas o en muchos
casos al segundo par. Como el esfuerzo de tracción se produce
dos veces por vuelta, lo que se hace es decalar 90 grados el
ataque de las bielas a las ruedas de cada lado, para producir
cuatro esfuerzos de tracción por vuelta. Sin embargo muchas
locomotoras tienen un tercer cilindro y algunas incluso cuatro,
sin que su aspecto exterior varíe demasiado. Cuando estos
cilindros existen, se sitúan debajo de la caldera y atacan
también al primer eje o al segundo con sus correspondientes
bielas. Como en el centro no hay ruedas, el eje adopta la forma
de un cigüeñal. En estos casos el decalaje se hace a 60 o a 45
grados con lo cual los impulsos de tracción son más continuos.
La máquina tiene así un movimiento más suave, y lo que es más
importante, la tendencia a patinar en los arranques se reduce,
ya que se pasa de cuatro golpes de esfuerzo fuertes por vuelta a
seis u ocho más suaves.
Salvo esta suavidad del arranque y de la marcha, no hay mucha
ventaja , en cuanto a rendimiento, en disponer dos cilindros
grandes o tres o cuatro más pequeños, y la mayor complejidad
mecánica de las máquinas de tres y cuatro cilindros normalmente
no compensa su mayor coste de construcción y explotación. Como
ejemplo clásico la BR 01 antes mencionada, es una locomotora de
dos cilindros. Tuvo una hermana, la BR 02 de cuatro cilindros, y
se construyeron ambas para ver cuál daba mejor resultado. No hay
más que decir que de la BR 01 se construyeron 231, y de la BR 02
se construyeron 10, que al final acabaron convertidas a BR 01. |
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Perfeccionamientos.
Otro caso distinto es el de las locomotoras "Compound" Una
locomotora compound tiene normalmente cuatro cilindros, pero su
funcionamiento se basa en que el vapor primero se expande
parcialmente en un primer par de cilindros, pero luego, en lugar
de ir al escape, el vapor termina su expansión en un segundo par
de cilindros, que por eso se llaman respectivamente de alta
presión y de baja presión. Estudiando termodinámicamente el
ciclo compound se demuestra que su rendimiento teórico es mayor.
La figura animada presenta un esquema del funcionamiento de una
máquina de vapor de triple expansión, que es un tipo muy
utilizado en los barcos. Obsérvese como el vapor va
expandiéndose en sucesivos cilindros, que por eso son cada vez
mayores, hasta ser expulsado. En las locomotoras lo normal es
que la expansión se haga sólo en dos etapas.
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De
nuevo estamos ante el problema de si el beneficio obtenido por
el mayor rendimiento de una locomotora compound compensa el
mayor coste de mantenimiento debido a su complejidad mecánica.
En general, aunque hubo muchas locomotoras de este tipo, quedó
claro que la sencillez de la locomotora bicilíndrica compensaba
cualquier posible beneficio que el motor compound pudiese
aportar. La prueba está en que casi todas las grandes
locomotoras de la última generación eran simples bicilíndricas.
Ahora bien, esta regla tiene una excepción: si nos vemos
obligados por algún motivo a tener cuatro cilindros en una
locomotora, seguramente es más rentable hacer que dos de ellos
actúen como cilindros de alta, y los otros dos como cilindros de
baja presión de un sistema compound. Hay un diseño que obliga a
tener cuatro cilindros en una locomotora, y es cuando
tenemos que hacer una locomotora articulada. Como ya
hemos visto, al aumentar el número de ejes, aunque las
ruedas sean pequeñas, llega un momento en que una
locomotora rígida tiene problemas para adaptarse a las
curvas. |
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Imagen: Wikipedia, GNU FDL |
La solución es hacer una locomotora articulada que lleva unos
ejes motores en el bastidor fijo y otros ejes motores en un
carretón articulado. A este tipo de locomotora articulada se le
llama Locomotora Mallet, en honor a su inventor,
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Un ejemplo de este tipo de locomotoras es la BR 96, que como
vemos en la imagen cuenta con ocho ejes tractores distribuidos
en dos grupos. El grupo delantero, que como decíamos puede girar
ligeramente alrededor de un eje vertical lleva los dos cilindros
de baja presión y el grupo trasero, fijo al bastidor lleva los
dos cilindros de alta. Esta
locomotora, aunque tuvo una utilización limitada fue todo un
éxito, El pequeño diámetro (1,2 m) de sus 16 ruedas motrices
permitía sólo una velocidad de 50 km/hora, pero tenía una fuerza
de tracción de 24 toneladas lo que le permitía superar fuertes
pendientes en trazados sinuosos remolcando pesados trenes. |
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Foto © R.
Kallmünzer, colección Dr. Scheingraber. |
Ya que hemos hablado del tema, podemos mencionar aquí el papel
de esos ejes no motores con ruedas más pequeñas que montan la
mayoría de las locomotoras. Como se ha visto, una de sus
utilidades es descargar parte del peso, de manera que la carga
sobre los ejes motores no sobrepase el valor máximo admisible
por la vía, y ello sin alargar demasiado el bastidor de la
locomotora, debido al pequeño diámetro de sus ruedas.
Por supuesto también son puntos de apoyo adicionales para que el
bastidor trabaje con un reparto más uniforme del peso. Sin
embargo su misión más importante es la de guiado de la
locomotora: En efecto, cuando una locomotora entra en una curva,
si no tiene más ruedas que las tractoras, el eje longitudinal de
la locomotora se sitúa según una recta tangente a la vía, en el
punto medio del tren de rodaje. Esto hace que el primer par de
ruedas, ataque la curva con un ángulo que puede llegar a hacer
que la locomotora descarrile.
Si situamos delante un eje libre articulado, este eje entra
antes en la curva y por lo tanto provoca un giro mayor de la
locomotora y un centro de giro más adelantado. Con esto el
primer eje motor entra ya con un ángulo más pequeño respecto de
la vía. Respecto del eje libre, al ser articulado, se sitúa
automáticamente en línea con la vía, y por lo tanto todo ello
disminuye el peligro de descarrilamiento. Este eje articulado se
denomina Bissel.
Un efecto todavía mejor es cuando situamos un carretón con dos
ejes. Este carretón llamado bogie, al tener cuatro ruedas se
sitúa automáticamente en la tangente a la vía que pasa por su
centro, y este centro, es precisamente el punto en que articula
con el cuerpo de la locomotora, lo que hace que tire del
bastidor de ésta hacia el interior de la curva, produciendo este
efecto de guiado, que se pretende.
Así que normalmente encontramos bogies en la mayoría de las
locomotoras que están previstas para circular a gran velocidad,
como es el caso de las "Pacific" 2'C1'o las "Hudson" 2'C2' y
normalmente encontramos bisseles en las locomotoras de
mercancías, previstas para velocidades menores, como son los
casos del tipo "Consolidation" 1'D , "Decapod" 1'E o "Santa Fe"
1'E1'.
Situar un bissel y todavía mucho más un bogie en la parte
delantera de una locomotora no es mucho problema, pero si lo es
situarlo detrás, porque entorpece la posibilidad de tener un
hogar suficientemente grande. Por eso en muchas locomotoras,
encontramos normalmente un bissel detrás cuando delante hay un
bogie, o ningún eje adicional detrás aunque delante haya un
bissel o incluso un bogie. Esto produce un sistema de rodadura
asimétrico, de modo que la locomotora va mejor guiada cuando
circula hacia delante que cuando circula hacia atrás. Por este
motivo normalmente se limitaba la velocidad de las locomotoras
cuando circulaban marcha atrás a un valor más bajo que cuando lo
hacían hacia delante. Si se pretendía que la locomotora
circulase igual de rápido en ambos sentidos, había que hacer un
rodaje simétrico.
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Este es el caso de muchas locomotoras ténder, utilizadas
en líneas donde no había la posibilidad de virar la
locomotora al final del recorrido. Por ejemplo la BR 78
con rodaje 2'C2' que vemos en la foto de la derecha. Como
hemos visto, la mayoría de los "experimentos revolucionarios"
que se intentaron a lo largo de los más de cien años que duró la
era del vapor, resultaron fracasados, casi siempre debido a las
complicaciones constructivas y de mantenimiento que suponían. La
locomotora básica era un diseño sencillo y eficiente y por lo
tanto a pesar de sus problemas resultaba rentable.
Pero, ¿cuales eran esos problemas? |
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Foto © 1958
Schmidtke, Deutsches Bundesarchiv, Creative Commons. |
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Las imperfecciones de las
locomotoras a vapor.
En cuanto a la explotación, las locomotoras de vapor tienen un
problema importante: Una locomotora de vapor "fría" tarda varias
horas en poder ser puesta en servicio, ya que se tarda mucho
tiempo en conseguir la tempera suficiente en la caldera. Esto no
sólo es tiempo, sino que es combustible gastado sin ningún
rendimiento, personal dedicado a esta operación, y sobre todo la
falta de agilidad en la posibilidad de reponer una locomotora
averiada.
Por otra parte, el diseño asimétrico de la locomotora implicaba
en la mayoría de los casos que al llegar al final del trayecto
había que dar la vuelta a las locomotoras para ponerlas otra vez
en sentido de la marcha. Esto implica unas instalaciones
complicadas como vemos en los antiguos depósitos de locomotoras,
con sus puentes giratorios y sus rotondas. También las
instalaciones para el almacenamiento y carga de carbón, para la
recarga de agua, para la carga de arena, para la limpieza de
escorias.... son complicadas y necesitan grandes espacios. Nada
comparable a una locomotora eléctrica en la que basta subir el
pantógrafo para tener la locomotora dispuesta para moverse, en
un sentido o en otro.
Pero además, la locomotora de vapor tenía una serie de problemas
derivados de su propia concepción.
De entrada el rendimiento energético de una locomotora de vapor
es muy bajo. De la energía química desarrollada en la
combustión, solo entre un 6 y 8 por ciento resulta utilizable en
esfuerzo de tracción. Este bajo rendimiento tiene varias causas,
algunas inherentes al propio principio de la locomotora como
motor térmico de combustión externa, y otras debidas a
imperfecciones técnicas, como pérdidas de calor, fugas de
presión, resistencias mecánicas, etc.
Más concretamente: El rendimiento de la caldera, es decir, la
parte de energía calorífica producida en la combustión que se
aprovecha para generar vapor es del orden del 60 al 80%. El
resto son pérdidas de calor, fundamentalmente en el escape de
gases todavía calientes.
El rendimiento del motor, es decir la parte de energía.
contenida en el vapor que se convierte en movimiento en los
cilindros es del orden del 10 al 15 %. Este rendimiento, muy
bajo, tiene un origen puramente termodinámico, y depende de las
temperaturas y presiones de entrada y salida del vapor, de las
perdidas por laminación, y de las características de ciclo
térmico de la máquina de vapor. Se puede mejorar aumentando la
temperatura del foco caliente, usando el vapor recalentado,
disminuyendo la temperatura del foco frío, lo cual parece
indicar la conveniencia de utilizar un condensador, y aumentando
la presión del vapor. Este es uno de los puntos intrínsecamente
malos de la máquina de vapor, ya que por ejemplo un motor diesel
puede tener fácilmente un rendimiento térmico del orden del 25
%., por no hablar de los eléctricos que superan el 80 %
Por último está el rendimiento mecánico que es del orden del 50
al 90%.y proviene fundamentalmente de los rozamientos internos
del mecanismo, (pistones, bielas, etc), de la resistencia a la
rodadura, y de la resistencia aerodinámica. Los mejores
rendimientos mecánicos corresponden a bajas velocidades y
grandes esfuerzos de tracción, mientras que la velocidad alta
con poco esfuerzo de tracción hace decaer este rendimiento hasta
valores cercanos al 50%.
Uno de los problemas que parecen más claramente mejorables, es
la enorme pérdida de calor que se produce por la chimenea. Como
hemos visto, los gases de la combustión terminan su recorrido
útil a una temperatura de unos 300 º y con esa temperatura son
arrojados por la chimenea. Por otro lado el vapor de escape,
todavía está caliente y mantiene una cierta presión residual,
que igualmente se pierde por la chimenea. En varias ocasiones se
realizaron intentos de aprovechar este calor residual. El más
conocido de ellos es el diseño de Franco Crosti que consiste en
dirigir estos gases desde la caja de humos a unos
intercambiadores de calor, que calentaban el agua antes de
introducirla en la caldera. La idea, naturalmente, es que si el
agua entra ya bastante caliente en la caldera, se gastará menos
combustible en calentarla hasta la temperatura de trabajo. Las
locomotoras con el sistema Franco Crosti suelen ser fácilmente
reconocibles porque sus chimeneas no están sobre la caja de
humos, sino que se se sitúan mucho más atrás, ya que los gases
de combustión recorren los precalentadores de agua antes de ser
expulsados al exterior. El vapor de escape se lleva también
hacia atrás para producir el soplado de los gases en la base de
la chimenea.
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También
suelen ser bastante visibles los cuerpos de estos
precalentadores, como en la locomotora de la fotografía. (una
italiana Gruppo 623). Véase también por debajo de los
precalentadores, el tubo que lleva el vapor de escape hacia las
chimeneas. De nuevo las complicaciones de mantenimiento dieron
al traste con las posibles ventajas del sistema. Realmente,
muchas locomotoras incorporaban un sistema de
precalentamiento del agua que procedente del tender se
introduce en la caldera. |
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Foto
www.dself.pipex.com/MUSEUM/LOCOLOCO/francocrosti |
Téngase presente que hay que introducir
constantemente agua en la caldera para compensar la que se
pierde en forma de vapor expulsada por la chimenea, y esto
supone vencer la presión del interior. Las primeras locomotoras
resolvían esto con una bomba movida con un pequeño motor de
vapor. Sin embargo esta bomba y su motor son un aparato
complicado y que además suponen un gasto adicional de vapor. El
procedimiento se mejoró a partir de 1858 introduciendo los
inyectores inventados por Giffard. Estos dispositivos reciben
vapor a alta presión de la caldera, y lo hacen fluir a gran
velocidad por una tobera dentro de una pequeña cámara que recibe
el agua del ténder. Esto produce un efecto Venturi que aspira el
agua y la impulsa a entrar en la caldera junto con el propio
vapor utilizado. El sistema es muy eficiente porque no tiene
piezas móviles, no se pierde vapor, y además el vapor cede parte
de su calor al agua, que entra ya caliente (60 a 75º C) en la
caldera. No es sin embargo un sistema que aumente el rendimiento
como el Franco Crosti, porque el vapor utilizado y el calor
aportado proceden de la propia caldera. |
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Otro intento con cierto éxito
consistió en incorporar un condensador. La locomotora
tradicional expulsa al aire una cantidad ingente de agua, en
forma de vapor condensado, ( unas catorce toneladas de agua por
hora en los momentos de máximo esfuerzo) que se pierde
totalmente. Esto implica que al comenzar el viaje debe almacenar
en el tender un gran cantidad de agua, normalmente entre 15 y 20
toneladas de agua que hay que mover como una carga más, para
luego ir, literalmente, tirándola por el camino.
Esto tiene varios aspectos negativos: A día de hoy, semejante
desperdicio de agua pondría los pelos de punta a cualquier
ecologista, pero en la época del vapor este aspecto todavía no
se consideraba relevante, mientras hubiese agua suficiente. El
problema es que en zonas desérticas, encontrar tanta agua podía
ser un problema grave. Por otra parte, cuando el agua del tender
se agota (aproximadamente cada 100 km) hay que parar y
rellenarlo, lo cual implica un tiempo y una pérdida de energía
entre detener el tren y volverlo a poner en marcha. Por otra
parte, las máquinas de vapor estáticas tienen casi siempre un
condensador, donde el vapor se enfría y se condensa de nuevo en
agua que se recoge y aprovecha. Esta condensación produce un
vacío (como el de la máquina de Newcomen) que favorece la
aspiración del vapor. Termodinámicamente, el foco frío es el
condensador, y en él las condiciones de presión y temperatura
bajas producen un ciclo térmico de mayor rendimiento.
Así que se intentó dotar a las locomotoras de un condensador. La
forma práctica de hacerlo fue utilizar los llamados tenders de
condensador. Aquí se conducía el vapor de escape y se hacía
circular por condensadores de tubos refrigerados por aire.
Normalmente se forzaba una corriente de aire mediante
ventiladores para enfriar los tubos de los condensadores. El
agua recuperada se volvía a almacenar en el tender. Esto
permitió ahorrar del orden del 90% de agua, y así realizar
recorridos más largos sin paradas intermedias y mejorar algo el
rendimiento de la locomotora, y sobre todo no depender tanto de
la disponibilidad de agua. Sin embargo, de nuevo, la complejidad
del sistema hizo que solamente se aplicase en aquellos lugares
donde el suministro de agua fuese un factor realmente crítico.
Otro intento de mejorar el rendimiento de una locomotora, (en
este caso válido para cualquier clase de vehículo) es mejorar su
aerodinámica. La clásica locomotora de vapor tiene un diseño muy
poco aerodinámico, por lo que una mejora en este aspecto supone
siempre una ventaja. Las pérdidas por resistencia del viento
crecen con el cuadrado de la velocidad, de manera que son poco
significativas para velocidades por debajo de 80 km/hora pero si
queremos sobrepasar estas velocidades y situarnos en el rango de
120 150 km /h la aerodinámica es fundamental.
En la práctica se recurrió a recubrir las locomotoras con una
carcasa metálica de forma aerodinámica. Ya hemos visto la imagen
de la BR 105 con su carenado rojo. Debajo de esa carena hay una
locomotora normal, y de hecho estas locomotoras acabaron sus
vidas circulando sin su cubierta aerodinámica, dado que ésta
entorpecía los trabajos de mantenimiento.
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Más adelante se construyeron locomotoras específicamente
aerodinámicas como la famosa BR 61 del tren Henschel-Wegmann que
vemos a la derecha de éstas líneas. Esta locomotora, que es
realmente una locomotora-tender, tenía un rodaje tipo "Hudson"
2'C'2' y sus ruedas motrices, con un diámetro de 2,30 m le
permitían circular a 170 km/hora. . La entrega de la primera de
estas locomotoras se produjo en mayo de 1935.
Este tren fue específicamente diseñado para competir con los
nuevos trenes diesel, como el SVT "Hamburgués volador" y se
asignó al trayecto entre Berlín y Dresde. Aunque el resultado
fue técnicamente bueno, el altísimo coste de producción le
hicieron perder la batalla contra el diesel. Sólo se
construyeron dos locomotoras de la serie BR 61.
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Imagen
de sello de correos. © 2006 Deutsche Post. |
Se puede decir que el vapor
perdió en ese momento la batalla contra la electricidad y el
diesel. A pesar de ello, muchas locomotoras de vapor han seguido
funcionando durante muchos años más prestando servicio en líneas
secundarias, y arrastrando pesados trenes de mercancías,
mientras que el público se volcaba en los nuevos trenes ligeros
y aerodinámicos como los VT11 alemanes o los Talgo españoles.
En España, el final oficial de la era del vapor, tuvo lugar con
toda solemnidad, el 23 de Junio de 1975 con el apagado de la
Mikado 141F 2340 que había sido construida por la Maquinista
Terrestre y Marítima en 1957. En la imagen vemos al entonces
Príncipe D. Juan Carlos presidiendo este acto.
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Afortunadamente este final comercial ha tenido una nostálgica
prolongación. Varios museos e instituciones conservan unas
cuantas locomotoras para que podamos todavía admirar sus
majestuosas formas. Incluso unos pocas todavía son capaces de
moverse y remolcar de vez en cuando algún tren turístico. Hoy,
en la época de la Alta Velocidad, cuando un estilizado ICE es
capaz de llevarnos de Barcelona a Madrid en menos tiempo que la
primera locomotora española tardaba en llegar a Mataró, muchos
aficionados rendimos un tributo de recuerdo y admiración, a
todas aquellas resoplantes vaporosas que consiguieron, por
primera vez en la historia del hombre, romper las barreras de la
distancia.
(Permítase la licencia: En realidad el recorrido
Barcelona Mataró del primer ferrocarril español, se efectuaba en
35 minutos). |
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Foto © Fco.
Javier Larrondo. |
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